PALEO DIETA: UN BUEN COMIENZO (I)

¿A alguien le suena esta imagen?

 

dieta occidental

 

 

Se dice, se rumorea, se comenta que la famosa pirámide alimenticia se creó en los 70 como parte de la estrategia de marketing del gobierno de USA para vender su excedente de cereales. Durante esa década el gobierno subvencionaba a los agricultores y les incentivaba a pensar a lo grande: “get big or get out”. El resultado fue el nacimiento de las grandes corporaciones agrícolas y la muerte de las pequeñas explotaciones. Los cereales eran baratos de producir y había que colocarlos, para ello era necesario convencer a los consumidores de que son la base de una alimentación equilibrada. También se empezaron a investigar qué sub-productos fáciles de conservar podrían derivarse de los cereales, particularmente del maíz. De ahí que hoy tengamos engendros como el jarabe de fructosa y otros ingredientes de la comida procesada.

 

De esa década a esta parte hemos asistido a un alarmante aumento de la obesidad, diabetes, osteroporosis y un sinfín de enfermedades ligadas a la dieta. El problema es que por intereses comerciales o desconocimiento el mantra que nos han repetido durante décadas ha sido que la causa de gran parte de ellas podría ser un consumo excesivo de grasas.

 

¿Qué tiene esto que ver con la paleo dieta?

Muchos especialistas en nutrición no tardaron en darse cuenta de que un consumo alto en grasas y bajo en carbohidratos podía resultar en bajadas de peso importantes, pero esa solo es una parte de la ecuación. Lo que diferencia al movimiento paleo es que el objetivo no es adelgazar, sino estar sano, y la dieta solo es uno los pilares junto a la actividad física, el descanso y un estilo de vida más lento y relajado (que se lo digan a mi jefe por favor).

 

PALEO DESCANSO

 

La evolución es sabia.

El hombre lleva evolucionando cientos de miles de años. Hasta hace bien poco, ha sobrevivido en la naturaleza recolectando y cazando. Es difícil saber en qué consistía exactamente nuestra dieta tanto tiempo atrás, pero podemos estar seguros de que incluía frutas, vegetales silvestres, todo tipo de tubérculos, champiñones y cantidades importantes de carne y pescado.

Hace “apenas” 10.000 años (un tiempo relativamente corto evolutivamente hablando) llegó  la agricultura y cambió radicalmente nuestra forma de alimentarnos. Los cereales proporcionan mucha energía pero en su estado natural tienen tóxinas y antinutrientes como mecanismo de defensa frente a herbívoros. Otro inconveniente es que tienen poca variedad de nutrientes en comparación con otros alimentos. Para saber qué consecuencias tiene una dieta basada casi exclusivamente en cereales, basta con echarle un vistazo a los esqueletos que conservamos desde el neolítico. En comparación con nuestros ancestros cazadores, los antiguos agricultores eran más bajos, tenían más caries y presentaban bastantes más signos de enfermedad en sus huesos.

Hoy, en nuestros países civilizados, tenemos acceso a una variedad enorme de alimentos, aunque curiosamente, nuestra dieta sigue basada en gran medida en los cereales. El trigo es omnipresente en forma de pan, harinas, rebozados etc… Si combinamos esto con un consumo elevado de comida procesada tenemos la receta perfecta para la obesidad y diabetes. Es un círculo vicioso. Un consumo alto y continuo de carbohidratos provocará niveles elevados de glucosa, lo que resulta en un aumento de la insulina en sangre. Esta normalmente se encarga de almacenar la glucosa en los músculos para usarla como fuente de energía, pero si no hacemos deporte estos no la utilizan, por lo que el cuerpo se inunda literalmente de glucosa. Poco a poco el cuerpo se vuelve resistente a la insulina y ahí es cuando empieza la temida diabetes.

 

Comer como nuestros ancestros.

El consumo de carbohidratos por parte de nuestros tatatatarabuelos era notablemente menor que en la actualidad. Nuestro organismo puede obtener gran parte de la energía que necesita a través de las grasas que ingerimos, no dependemos de dosis continuas de carbohidratos para movernos.

Esto no quiere decir que dejemos de comerlos, pero una buena forma de obtenerlos sería a través de alimentos con menos carga calórica y que además nos proporcionen más micronutrientes, como la fruta y las verduras.

Por otra parte, se ha demostrado que los alimentos que contienen más proteínas y grasas sacian antes que los carbohidratos, por lo que nos es mucho más fácil controlar nuestro apetito.

Hace 20.000 años, cada población humana era diferente, y la dieta variaba bastante en función de los alimentos disponibles en cada zona. Por todo esto solo podemos aspirar a una aproximación moderna a lo que fue nuestra forma de comer durante tantos miles de años.

La buena noticias es que funciona, se ha demostrado que esta dieta contribuye notablemente a incrementar la salud general y a mejorar ciertas enfermedades derivadas de la dieta. Quien desee saber más solo tiene que leer los artículos de los científicos que más han investigado sobre el tema, notablemente Loren Cordain y Robb Wolf.

 

Sapiens Urbano

 

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