PALEO DIETA: CONTRA EL DOGMA. ¿QUÉ COMER? (II)

 

Y ahora sí, ¿Qué comer?

Aquí es donde empieza la discusión de verdad. Hay bastantes variantes en la dieta paleo, desde las más puristas, en las que no se puede comer absolutamente ningún cereal ni legumbres, hasta las últimas versiones más “abiertas” que permiten por ejemplo el arroz para las personas que tengan una buena respuesta a los carbohidratos.

En mi opinión restringir mucho la comida no es algo recomendable, creo que es importante comer de todo según las particularidades y necesidades de cada uno, pero veo esta dieta (si se le puede llamar así) como una guía, un buen comienzo, para entender la nutrición desde un punto de vista evolutivo. Lo más importante, como en todos los aspectos de la vida, es conocerse a uno mismo.

Lo que tienen en común todas las versiones es que abogan por retirar aquellos alimentos que sabemos a ciencia cierta que no provocan una respuesta saludable en nuestro organismo:

 

COMIDAS PROCESADAS: si no corre, nada, o crece de la tierra no se debería comer, así de sencillo. Fuera bollería, comida basura y cualquier cosa que venga en el súper con mil ingredientes que no sabemos ni lo que son.

 

EL AZÚCAR INDUSTRIAL: solo tenemos que poner “azúcar + efectos” en google, o echarle un vistazo a la enorme multitud de estudios que relacionan su consumo habitual con la obesidad, entre otras cosas. Lo que hace difícil dejar de consumirlo es que está muchas veces presente en los productos más insospechados, incluso en el jamón serrano envasado. Toda la comunidad científica parece estar de acuerdo en que hay que evitarlo, por lo que eliminarlo de nuestra dieta es lo mejor.

 

AZÚCAR NO SALUDABLE

 

 

Fuera de estas premisas básicas la cosa se complica un poco ya que desde la perspectiva paleo se cuestionan alimentos  que nos acompañan desde el neolítico (hace aproximadamente 10.000 años). Sin embargo, lo que se suele argumentar es que es un periodo de tiempo muy corto en comparación con el que llevamos evolucionando como especie. Nuestra adaptación a estos alimentos podría ser aún problemática (no hablemos ya de la comida procesada).

 

 

 

LOS CEREALES: el argumento que se suele usar (como se ha visto en la primera parte de esta artículo) es que contienen una cantidad elevada de antinutrientes, lo que puede provocar intolerancias o en casos más extremos alergias. El gluten puede ser problemático para mucha gente, pudiendo incluso provocar celiaquía en las personas más sensibles. Lo que ocurre es que por sus características, el gluten, un conjunto de proteínas de bajo valor nutricional, es muy utilizado por la industria alimentaria en una variedad enorme de productos procesados, por ejemplo como espesante o aglutinante.

El arroz sin embargo no tiene gluten, por lo que se ha discutido mucho acerca de lo adecuado de su consumo. La dieta paleo original no lo incluye entre los alimentos aptos (que no tenga gluten no significa que no tenga otros antinutrientes), pero se está bastante lejos del consenso. Personalmente sí como arroz y no me lo pienso dos veces, entra particularmente bien después de entrenar.

 

LEGUMBRES. Si, ya sé que esto es difícil de creer, ¿cómo van a ser malas las lentejas de nuestras madres? Pues resulta que las legumbres tienen también una alta cantidad de antinutrientes. De nuevo, aunque los seguidores más estrictos nos digan que no deberíamos comerlas, no todo es blanco o negro. Para empezar, este tipo de alimentos suelen ser ricos en proteínas, también contienen altas cantidades de fibra y otros micronutrientes importantes (como el hierro, la cultura popular es sabia). Tampoco tienen gluten y una buena preparación puede evitar en gran parte los efectos negativos de las lectínas o ácido fítico.

 

 

LEGUMBRES SANAS

 

 

TUBÉRCULOS: aquí ya no hay tanta discusión. Los defensores más radicales de la paleo pusieron las patatas en la lista negra debido a que tienen un alto Índice glicémico (aumentan de forma notable la segregación de insulina) pero al fin y al cabo, ¿alguien duda de que nuestros antepasados rebuscasen bajo tierra en busca de raíces?

Las patatas y batatas son una fuente saludable de carbohidratos. Personalmente me encantan al horno con un chorrito de aceite o mantequilla. Lo que conviene evitar es comerlas fritas o procesadas (congeladas, de bolsa etc…). El cuerpo absorbe y tolera mucho mejor los carbohidratos justo después de entrenar, así que si queremos comernos un buen filete con patata al horno de guarnición, ese sería el mejor momento.

 

LÁCTEOS: Otro de los pilares de la dieta occidental en entredicho. Los lácteos se quedan fuera de los alimentos considerados paleolíticos debido a que la ganadería surgió junto a la agricultura al volvernos sedentarios. Se argumenta que debido a que nuestro cuerpo no ha tenido tiempo suficiente para adaptarse a su consumo hoy tenemos tanta intolerancia a la lactosa y alergias. Nuestro sistema inmunitario y digestivo no siempre reaccionan bien ante la leche y sus derivados.

Pero para los que la toleran bien, las grasas que contiene la leche parecen beneficiar en muchos aspectos nuestra salud, como demuestran una cantidad bastante amplia de estudios. ¡No debemos tener miedo a las grasas! Quien siga un las tendencias de la nutrición sabrá que la mantequilla está de moda, ¡hasta en el café!

 

Como conclusión diría que en este caso como en cualquier otro de la vida conviene alejarse de los dogmas y no confiar en quien presenta la dieta paleo como un conjunto rígido de normas que hay que seguir a rajatabla. Yo la entiendo como una forma de entender la alimentación desde una perspectiva evolutiva en la que es más importante la evidencia científica que la categorización dogmática. Personalmente me ha ayudado a entender que la comida es algo que no tiene absolutamente nada que ver con los supermercados y lo que nos quieren vender las multinacionales alimenticias, y todo con la naturaleza que nos ha dado de comer desde que el hombre es hombre.

 

Sapiens Urbano

 

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